Hace ya un tiempo bastante prolongado, mi afición a la lectura de textos psicoanalíticos realmente amados se ha, podríamos decir, detenido. Y esto no por una disminución de ese invocado amor, ni mucho menos del deseo que me mueve hacia esos textos.
La clave de este cambio no es para nada compleja, pero implica un cambio de posición muy importante.
Recuerdo que hacia fines del año anterior me encontraba en el dilema exactamente opuesto. Me habían invitado a escribir, y lo que se produjo fueron varios intentos considerados por mí como fallidos, ya que la creación en ese momento no tenía justamente nada de nuevo, nada de creación, sino que sólo se animaba a reproducir las letras de otros. Y estaba bien, era un tiempo necesario de seguir incorporando letras, de seguir tomándose de la mano de otros.
Hoy, sabiendo de la necesidad de seguir formándose, de leer una y otra vez textos maravillosos, de asistir a seminarios, de formar parte de grupos de estudio, de instituciones…hago una pausa, tomo algunas de esas letras ya incorporadas y me animo a crear, a hacer con ellas algo quizás no nuevo, pero propio. Me animo a soltar un poco esas manos, y doy mi primer paso.
Hoy, tomo la palabra.
La clave de este cambio no es para nada compleja, pero implica un cambio de posición muy importante.
Recuerdo que hacia fines del año anterior me encontraba en el dilema exactamente opuesto. Me habían invitado a escribir, y lo que se produjo fueron varios intentos considerados por mí como fallidos, ya que la creación en ese momento no tenía justamente nada de nuevo, nada de creación, sino que sólo se animaba a reproducir las letras de otros. Y estaba bien, era un tiempo necesario de seguir incorporando letras, de seguir tomándose de la mano de otros.
Hoy, sabiendo de la necesidad de seguir formándose, de leer una y otra vez textos maravillosos, de asistir a seminarios, de formar parte de grupos de estudio, de instituciones…hago una pausa, tomo algunas de esas letras ya incorporadas y me animo a crear, a hacer con ellas algo quizás no nuevo, pero propio. Me animo a soltar un poco esas manos, y doy mi primer paso.
Hoy, tomo la palabra.
Bárbara Barrientos



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