"Es la ley misma, y la tradición del seminario que quienes participan en él aporten algo más que un esfuerzo personal: una colaboración a través de comunicaciones efectivas. La colaboración sólo puede venir de quienes están interesados del modo más directo en este trabajo (...). Me dirijo aquí a quienes forman parte del grupo de psicoanálisis que representamos (...) si no vienen aquí a fin de cuestionar toda su actividad, no veo por qué están ustedes aquí"
J. Lacan.

sábado, 30 de junio de 2007

Transmisión del deseo

Hoy, quienes pertenecemos al Seminario Freudiano Bahía Blanca, tenemos algo que festejar. Y este festejo se debe a que, luego de haber cumplido 15 años de funcionamiento continuo, hemos participado de una mesa redonda donde cada uno de los miembros fundadores brindó su testimonio, y en la que se ha renovado nuevamente el compromiso de cada uno de nosotros con el psicoanálisis, y con este proyecto común que funciona como marco a nuestro deseo.
Si bien mas allá de que cada relato llevado a cabo por los fundadores, sea una historia narrada en función de la subjetividad de cada cual, hubo algo en común. Lo presente en todos, fue aquello que los movió, que los condujo hasta aquí aún sin poder si quiera proyectar a futuro las consecuencias de sus actos. Eso que estuvo presente en los orígenes de esta institución, es aquello que hoy la mantiene con vida, el deseo.
María del Valle Castro, Liliana García, Carlos Graiño, Laura Guterman y Patricia Pizzini gobernados por un deseo pujante, imperioso, de conocer esa nueva lectura analítica que por aquellos tiempos era el lacanismo en esta ciudad, comenzaron a reunirse y a convocar a otros colegas para poder participar de los seminarios que periódicamente llevaban adelante. Seminarios llevados a cabo bajo circunstancias algo más que adversas, y me refiero a circunstancias económicas, políticas e ideológicas, pero que sin embargo no lograron constituir un escollo lo suficientemente grande para detener su movimiento. Movimiento generado por el deseo de este grupo, y por el deseo de grandes maestros, como Alba Flesler, Isidoro Vegh, Eva Lerner, Rolando Karothy y Analía Meghdessian, entre otros, quienes viajaban a nuestra ciudad desde Capital para encontrarse con estos jóvenes repletos de preguntas y hambrientos de respuestas.
El 16 de Mayo de 1992, se produjo un hito en la ciudad de Bahía Blanca. Estos analistas a los que con posterioridad reconocemos como fundadores, se constituyeron como institución, se recortaron del resto, y nominaron a este marco que los recubría “Seminario Freudiano Bahía Blanca”. Nombre que da cuenta necesariamente de los orígenes: Los inicios a través de los seminarios, el deseo movilizado por la necesidad del retorno a Freud planteado por Lacan, y ubicando allí también el origen geográfico del mismo.
A partir de allí, los seminarios se fueron sucediendo, y esta primera generación podríamos decir constituida por los fundadores, logró más allá de la enseñanza del psicoanálisis, la transmisión de su deseo por él. Y fue el deseo del analista que sostenían y sostienen, y su práctica acorde con este deseo, con la responsabilidad ética que ello implica, lo que se heredó a una segunda generación. Generación que se formó junto con el “Seminario”, que vivió todos sus avatares y vicisitudes junto con los fundadores, conformada por analistas que tomaron la posta y la hicieron parte de su propio ser, de su propia piel. Y gracias a esa segunda generación, y a su deseo entregado como un don, es que hoy, como tantos otros me encuentro aquí, formando parte quizás de una tercera.
Fue gracias a ese deseo presente en los orígenes, fundador, constituyente, que cada uno fue capaz de transmitir, y que nos habita, que hoy nos encontramos todos aquí, festejando este encuentro y renovando nuestro compromiso.
Quizás, como se dijo, y les hablo aquí a los fundadores, ustedes no logren dar cuenta del acto producido y de lo que ese acto trajo aparejado. Pero fue gracias a esa precipitación, que el día de hoy un gran número de personas nos reconocemos bajo el significante “Seminario Freudiano Bahía Blanca”, en tanto es el marco que aloja nuestro deseo, que le permite desarrollarse, que nos forma, que nos interroga, que nos recorta, que nos desafía, que nos impulsa a evolucionar.
La gratitud no será nunca lo suficientemente grande hacia ninguno de ustedes.
Pero es justamente por esa gratitud, y por este deseo que nos invade, que debemos continuar avanzando, cuestionándonos, interrogándonos, leyendo los síntomas que se vayan desarrollando, buscando cada vez más, proponiendo nuevas ideas, plasmándolas, criticando, aceptando las críticas.
El Seminario Freudiano Bahía Blanca es una institución animada por lo más puro que tiene un analista, su deseo. Resguardémoslo, hagámoslo crecer y no permitamos que se tergiverse. Tenemos muchas que hacer y que decir.
Continuemos.
Bárbara Barrientos

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